Experiencias en TVP

Hijo no nato.

 

Quiero incluir mi propio testimonio como paciente.  En un comienzo me llamaba mucho la atención hacerme una regresión sin tener muy claro el porqué, por alguna razón nunca pude dar con un profesional que hiciera este trabajo, un día me llega un correo de una sicóloga conocida que ofrecía un curso anual de formación de terapeuta de vidas pasadas, yo mostré interés de inmediato, pero para hacer honor a la verdad, en ese momento estaba más interesado en la experiencia como paciente de regresión que en el oficio de terapeuta.  Avanzado el curso, cuando llegó el momento de la primera regresión demostrativa me ofrecí de voluntario, el relato no quedó grabado, pero fue tal el impacto que esta experiencia causó en mi, que apenas llegué a casa me senté frente al computador y esto fue lo que escribí.

 

Un gran regalo: Paz y Esperanza

Francisco

47 años

 

Una vez que entro en el estado de  conciencia expandida, siento que estoy en una caverna muy oscura donde intuyo que habitan algunos seres o presencias muy poderosas. La terapeuta me pide que trate de identificar a esos seres o de dilucidar que más hay en esa caverna. Trato pero no puedo ver nada más, siento que son seres muy superiores a mi, sin embargo ellos no se muestran por alguna razón.

Lo único que puedo ver con claridad es un círculo violeta arriba de donde estoy yo. Entonces me empiezo a elevar hasta llegar arriba, y al traspasar ese circulo descubro que se trata de un cráter y el color violeta viene del cielo. Sigo subiendo y salgo de ese cráter, al alejarme veo que estaba dentro de un volcán que pertenece a un gran cadena montañosa de nevados. El cielo es de un color violeta intenso, floto como un globo y me alejo de esa cima en dirección hacia el valle, a lo lejos se divisa el mar. Estoy excitado por la sensación de flotar y aquel paisaje ensoñado que se me presenta. Vuelo muy alto, como un pájaro o algo así, recorro libre ese espacio, veo grandes panorámicas de espacios infinitos y muy bellos. De pronto se me acerca en el aire, como un avión o un ovni, una presencia. Al acercárseme veo que se trata de una niña de unos cinco años, de pelo rubio, largo y ondulado, que se detiene a unos pocos metros de mi y me observa con una sonrisa. ¡Estoy viendo a un ángel! -, le comento a la terapeuta. Continúa - me dice. ¡Me trae un mensaje de paz! – se me ocurre decir. Muy bien continúa - me alienta la terapeuta. Comenzamos a bajar hasta que de pronto veo que estamos sentamos en un prado, algo así como una loma, un paisaje idílico. Este ángel me observa con mucha dulzura. Ella me  mira y se sonríe.  De pronto me invade una tremenda sensación, siento mucha energía en el centro de mi pecho, un calor y una presión interna casi insoportable por lo intensa. -¡Es  el Martín!- grito. La emoción me invade, no puedo contener el llanto. ¿Quién es el Martín? – me pregunta la terapeuta. ¡Es mi hijo que no nació! - respondo.  Mi ángel me sigue mirando y sonriendo. Me habla de forma mental. Me dice que todo va a estar bien. Me transmite paz. ¡También me trae esperanza y amor! – alcanzo a decir. Lloro sin parar, mis lágrimas salen a borbotones. Trato de hablarle, de pedirle perdón por no haberlo amado lo suficiente. Pero él se me adelanta, leyéndome los pensamiento, y sigue transmitiéndome este amor inmenso donde sé que no hay necesidad de perdón, y sí hay mucha felicidad y la certeza de que todo está bien.  Me dice que todo este tiempo ha estado conmigo y que siempre me va a  acompañar en esta vida. Mentalmente me dice que esta paz y esperanza que estoy sintiendo es un regalo para mi y que también le transmita este mensaje a la mamá, porque es lo mismo para ella. Sigo llorando muy emocionado. Le doy las gracias por su amor. Él me mira y se ríe. Estoy feliz. La terapeuta no interviene permitiéndome disfrutar la experiencia. Estoy en un estado sublime. Recibo mucho amor y lo disfruto a conciencia.  Le pregunto por el amor de pareja en mi vida. Él me dice, con una infinita paz y certeza, que tengo que estar muy tranquilo que ya viene, que todo va a estar muy bien para mi. Su mensaje es de amor, esperanza y paz. Estoy extasiado con lo que estoy experimentando, disfruto esa compañía con la que puedo expresar y recibir amor. Pasan los minutos. Lentamente voy volviendo al estado de conciencia habitual. Me incorporo con una gran sonrisa y húmedos los ojos. Al abrir los ojos y mirar a la terapeuta - ¡Gracias! - es lo único que se me ocurre decir.

 

18 de Junio de 2009

 

Debo explicar que Martín es mi primer hijo, al momento del parto el médico se percata de que no hay latidos, fue un niño no nato. Por supuesto su madre quedo desecha y yo me dedique a contenerla, éramos jóvenes, estábamos solos y no sabíamos que hacer. No le hicimos sepultura ni duelo, rápidamente nos incorporamos al trabajo y seguimos con la vida cotidiana, hasta que dos años después nació nuestra hija Valentina, un dulce bálsamo que nos ayudó a dejar atrás ese amargo episodio. Durante la gestación de Martín, mi situación económica era débil, yo estuve más preocupado de lo doloroso que sería pagar los gastos que involucraba ese nacimiento, que de esperar al hijo y de gozar la espera. De hecho no recuerdo haber disfrutado ese tiempo de espera. Cuando no nació, tuve que pagar los gastos de la clínica y ya no importó ni dolió, había un dolor mucho mayor.  En los años siguientes pocas veces, al menos concientemente, recordé a Martín, las ocupaciones diarias me hicieron guardar en los vericuetos de la memoria ese episodio de mi vida. Después de mi primera regresión me fui a casa sin entender todavía lo que había pasado. La intensidad de las sensaciones de paz y esperanza que había sentido nunca antes las había experimentado. Con el correr de los días comencé a entender que desde hace mucho en mi vida, tal vez desde siempre, yo no tenía paz interna y no esperaba nada de la vida. También esta vivencia terminó de despejar toda duda sobre la trascendencia del ser y la continuación de la conciencia después de la muerte. No importó mucho si la experiencia fue real, metafórica o producto de mi imaginación. Con el paso de las semanas y meses, me di cuenta que la vida para mi ya no era la misma,  cualquier experiencia o situación por más insignificante que fuera comenzó a tomar un sentido más profundo.

Tuvieron que pasar trece años hasta que llegara el momento de mi primera regresión, sólo entonces comencé a entender el porqué Martín llegó y se fue tan rápido de mi vida. Este ángel tenía una misión y un gran regalo que recién ahora puedo atesorar. 

 

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